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jueves, 7 de junio de 2012

FACTORES DE CAMBIO EN EDUCACIÓN

ÍNDICE GENERAL de "EL CULTURAL"





El cambio
La escuela
La inserción de la escuela en la comunidad
Los docentes 
Recursos y materiales para una síntesis dinámica
Conclusión: ¿Individuo o persona? (Ver cuadro)
Final.
   El problema de la educación es que no podemos poner dentro de las aulas lo que no existe afuera (Ver cuadro)




El cambio

La vida es cambio; todo lo que atañe a Ia vida es cambiante. Aunque nada hagamos para cambiar, cambiamos por Ia fuerza de un entorno que nos involucra sin atenuantes. Negar los cambios es vivir en el pasado, cerrarse a Ia realidad, quedar inmerso en Ia soledad y el desasosiego, dejar vía libre para que se entronicen el egoísmo y Ia especulación.
El camino que se transita desde las potencialidades -virtudes generativas exclusivas del ser humano- hacia los actos, es de cambio. Somos concebidos con capacidad para amar, para desarrollar nuestra inteligencia, nuestra voluntad y nuestra libertad, y desde que irrumpimos en el mundo comenzamos el tránsito hacia el amo, pienso, puedo, soy libre; hacia nuestro propio crecimiento.
Se crece, únicamente, en estado de permanente cambio e incertidumbre; nada está garantizado.
Sin embargo, esa es Ia sal de Ia vida: que seamos infinitos. Triste destino el de los hombres que no saben gozar de los privilegios de su infinitud, de su propia creación.
Es función de Ia escuela que asumamos nuestra infinitud creadora, esta característica soberana que se extiende a todo lo que el hombre hace - su cultura.
Nos toca vivir una época de cambios acelerados. El entrecruzamiento de variables se constituye en una red que ha terminado con Ia linealidad 'causa-efecto' en beneficio de una intercausalidad que reina indiscutida: todo tiene que ver con todo; todo es susceptible de integrarse con todo

La escuela

No se puede analizar la estrecha relación que deben guardar la familia y la escuela sin antes abordar, aunque sea someramente, el papel que juegan en el proceso educativo.

La familia es el núcleo fundacional de la personalidad y la primera educadora. Es en su seno donde el hombre comienza a relacionarse. Es el punto de partida del encuentro con un "tú" , del diálogo en el afecto. Cabe a la  familia la serenidad,  la exigencia  y la reflexión  para iniciar al hombre en ese inacabable viaje hacia sus propias armonías, a su plena personalidad, a su libertad. La familia es la institución más proteica de nuestra sociedad. Los aportes de sus miembros la dinamizan, la perturban, la ponen en crisis.

No sucede lo mismo con la escuela, institución ésta que asumirá muy tempranamente un rol preponderante en la vida de los niños. Si bien su función es  recrear circunstancias a partir de la herencia socio-cultural  en la que se inserta y ponerlas en acto, el vértigo del momento que nos toca vivir  no le da tiempo a procesarlas. La escuela es poco homeostática y "subordina sus fines sociales  a las necesidades de preservación de su estructura" (Ernesto Gore) dejando la calle afuera.

Los padres conllevamos la idea de que los hijos tienen que superarlo, ser mejor que él; es propio de la naturaleza humana la proyección de los padres en sus hijos. Sin embargo, no siempre sabe encarar el tema de su educación en el ámbito de la escuela.

La escuela no está sólo para que aprendan a leer y escribir: Entre sus varias responsabilidades, tiene aquélla de socializar a los niños, de hacerlos partícipes de la civilización  en la que les cabrá actuar de  mayores cuando su vida los obligue a la toma de decisiones. Esta función de la escuela, que es de las más importantes, pues  ataca el plano actitudinal del proceso de crecimiento, nos pone a los padres en un pie de igualdad con las autoridades académicas y con los maestros.

Para  abordar la educación sistemática, es menester contemplar que transcurrimos por la vida en respuesta a circunstancias laborales, de estudio, personales o de familia en un contexto dinámico, de cambio, incierto, tan incierto como la vida misma,  donde nada está garantizado.

Si asumimos que es así, padres y escuela debemos  dar a  nuestros niños una formación que autorice  su inserción plena en el mundo, dotarlos de una personalidad crítica, dialógica, amplia, abierta, democrática, abarcativa, libre...

Es menester que nuestros niños tengan un alto nivel educativo y gran adaptabilidad social; que aprendan a reconocerse, a saber de sus propias capacidades, a ser dueños de su voluntad, de sus afectos, de su inteligencia y de su libertad.

Los padres habremos de tener tiempo para el encuentro con nuestros hijos. Debemos abordarlos a partir de ellos mismos compartiendo sus gustos y asumiendo sus necesidades. Hablaremos de la escuela; de sus maestros, de sus amigos;  saldremos con ellos, los acompañaremos en sus tristezas y en sus alegrías, en sus logros y en sus fracasos; hablaremos de sexo,  de deportes, de política, si cuadra; Usaremos  su ordenador, les daremos regalos -soft, libros, chuches,  remeras- veremos televisión con ellos y discutiremos si este o aquel programa; les brindaremos seguridades; los castigaremos cuando se quiebren y alentaremos cuanta actitud de grandeza nazca de ellos...

Los maestros canalizaremos la enseñanza a través de la investigación, del aprender a aprender y no desde los datos. La estrategia del aprendizaje debe favorecer una curiosidad tal que motive una  búsqueda que  impulse al acto de aprender.

El maestro es el profesional que simultáneamente pone el conocimiento y los valores en acto.. Se debe abandonar la idea de que los  conocimientos y, mucho menos, los valores, pueden ser transmitidos sin haber sido asumidos. En otras palabras: el maestro debe postergar el discurso e imponer el acto. El maestro es amplio, es comprensivo, es dialogal y todo lo demás porque actúa  así. Y la familia es serena, exigente, dialógica  porque la vivimos así.

Cambiar para que todos juntos,  padres de familia, maestros y niños aprendamos a descubrir al otro en sus .necesidades.

La inserción de la escuela en la comunidad

La realidad de la familia es cruel porque abandona al niño
Si afectivamente. porque no somos capaces de hacerlo sentir que es  parte de nosotros mismos siendo otro y distinto; porque no le sonreímos, ni vivimos en él, ni lo respetamos, ni le exigimos. Si intelectualmente, porque no pensamos con él lo que el quiere y necesita pensar; porque somos incapaces de crearles situaciones nuevas para que resuelva; porque lo comprometemos en una vida  que sólo ofrece modelos estereotipados. Si volitivamente,  porque al no respetar lo que quiere lo desmotivamos en su heroicidad, algo tan propio de su edad, y porque en lugar de responder a sus  interrogantes, nos apuramos  a resolver sus problemas atropellando sus propias capacidades. Si desde la libertad que tendrá que ganarse, porque no lo independizamos; no le permitimos que corra riegos; lo hacemos desconfiado; le impedimos que  descubra otros espacios; no lo dejamos elegir qué hacer ni como hacerlo ni con quién hacerlo. Asi, lanzamos al mundo hijos convencionales, inflexibles, autoritarios, monológicos, egoistas, serviles..
La SGAE ratifica con estadísticas las causas que pueden provocar ese abandono en un informe sobre "Hábitos de consumo cultural". La mitad de los españoles no ha leído un libro ni tiene intenciones de hacerlo; hace apenas 15 años, el 53 % de los hombres eran analfabetos funcionales;  el 64 % de la población que lee,  tiene en su casa menos de 100 libros ( "lo cual indica no sólo lo esmirriado del parque lector,  sino la ausencia de herencia" (Felix de Azúa,  en El País). Ante la pregunta  "¿cuándo compró un libro por última vez?", el 61% de la población manifestó llevar más de un año sin comprar uno.. Continúa Azúa "Ese es el modelo de ciudadano que ha decidido crear la administración, algo así como una bombilla con patas [...] un bicho que se enciende y apaga dándole a un interruptor", y  agrega:  "Es tan cómodo!" .Si agregamos que los vacuos programas de televisión sientan a nuestros niños entre tres y cuatro horas diarias frente al  aparato y los padres facilitamos la embrutecedora tarea poniéndoles  un televisor en el dormitorio: 2 de cada tres niños españoles disfrutan de ese "privilegio", poco queda por agregar.
Surge así que la interacción de la familia con la escuela es prácticamente -por no decir inevitablemente- nula y su peso en ese ámbito, no obstante ser, por definición, la primera educadora del niño, ninguno.
Los conflictos entre padres y maestros son permanentes. Lo menos que se escucha decir a las partes es que "los padres depositan a los chicos en la escuela y se desentienden de ellos"; los padres a su vez, insisten en que los maestros "son meros funcionarios que cumplen con sus horarios de clase y basta".
Me permito decir que todos tienen razón. Y como dice nuestro ingenioso hidalgo, que todos tengan razón  "no es sino la razón de la sinrazón que a esta razón hace".
Si en lugar de agredirnos y aplastarnos entre nosotros, nos pusiéramos en común, todo sería más simple. Claro que los padres tendríamos que asumir las obligaciones que conlleva que nuestros hijos sean lo mejor que tenemos, y  los maestros, que  el camino que han emprendido al obligarse con la carrera  docente, está lleno de entrega, de esfuerzo, de sinsabores, de paciencia, y, al mismo tiempo,  vacío de reconocimiento  social, de prestigio y de comodidad, por sólo citar algunos de sus  "contratiempos".
Sin embargo,  hay algo en común entre padres y maestros que favorecería  muchos acuerdos: el disfrute que brindan la alegría y la  frescura: de los niños. Si un padre fuera al colegio a preguntar al maestro si su hijo se sonríe, si es solidario, si es dialogal, si es feliz,  en lugar de  increparlo porque no sale de excursión con sus alumnos,  el maestro se sorprendería  agradablemente y, con toda seguridad, no actuaría como un funcionario  a la espera de la hora de salida.
Si bien este mundo  no autoriza esa clase de idilios, ofrece, sí, otro tipo de soluciones. En lo que nos atañe podría ser una puesta en común institucional, un igual a igual, en el que participarían la escuela, el AMPA, los ayuntamientos, los consejos escolares y sus respectivas alzadas: la Subdirección Territorial  y  la Fapa, cada cual en lo suyo pero con un objetivo: los chicos,  y una única meta: su educación.


Los docentes 

     ¿Cómo hacer, maestros?

El conocimiento ha sido el eje de nuestra educación. La escuela ha puesto énfasis, sobre todo, en que "el volumen de un gas a temperatura constante es inversamente proporcional a su presión" y no en el descubrimiento del principio por parte de los alumnos.
Se decía que se aprendía matemática porque enseñaba a pensar. Había un porqué. Uno aprendía "el cuadrado del primero más el doble producto del primero por el segundo" , y a nadie se le ocurría preguntar para qué servía Se estudiaba "porque enseña a pensar, porque agiliza la mente, porque hay que saber..." pero no "para": para conseguir trabajo, para  resolver problemas de la vida cotidiana, para desarrollar la imaginación (es el día de hoy  que para medir la altura de un poste erecto pienso que no cabe más que encaramársele ¿Es que no hubo un solo  teorema, ni aquellos que se resolvían por el absurdo que respondiera a tan simple interrogante?).
Los valores y las actitudes básicas en la relación para con los demás ya venían desde el hogar. Cuando el chico llegaba a la escuela sabía que tenía que permanecer sentado, que tenía que escuchar al maestro, que las flatulencias en el servicio, que no debía gritar; y reconocía valores: que el respeto por los mayores, que el cuidado de las cosas...
Este "nuevo mundo" sacó las cosas de quicio. En el vértigo en que vivimos,  todos nos preguntamos "para qué" - ¿para qué sirve el MCD y el MCM? , ¿para qué estudiamos latín si ya no se usa?. "Para qué" todo el tiempo. Esta "novedad" del "para qué" se suma a aquella otra de tener que agregar el eje actitudinal y el de los valores al del conocimiento: el chico llega a la escuela y tenemos que enseñarle a estar sentado, a escuchar, a devolver lo que no le pertenece y mil cosas más que antes venían dadas (además de leer y escribir, claro)
Para solucionar estos problemas se debe abandonar la idea de que los  conocimientos y, mucho menos, los valores pueden ser transmitidos sin haber sido asumidos. 
Esto  conlleva un cambio radical.
En cuanto a la impartición del conocimiento,  será menester implementar la integración de disciplinas -o de contenidos - con un objetivo que las excede en lo particular: el descubrimiento, por parte de los alumnos, de una nueva y distinta perspectiva para aprehender la realidad; aquélla que resulta de la combinación de los temas que ellos mismos eligieron para aprender los contenidos que se les imponen.
Un trabajo de estas características, al que denominaremos "proyecto integrado" será el resultado de una tarea mancomunada maestro-alumno con eje en el aula, en respuesta a objetivos generales -de la escuela- y particulares -de la unidad áulica- y en satisfacción de consignas que prioricen el aprender por sobre el enseñar. Será producto de conclusiones, de las que es menester dejar un registro, y síntesis de la tarea llevada a cabo; deberá ser amplio para abarcar; abierto para incluir;  flexible para facilitar la articulación de nuevos contenidos; heterogéneo en respuesta a los múltiples intereses de los alumnos; homogéneo en tanto resultante integradora de contenidos; estético en satisfacción de las formas; expandible en tanto autorice agregados a los contenidos ya existentes; e interrelacionado,  de   modo  que  subyazca   una   red   que vincule los contenidos entre sí.
Compete al maestro elaborar una estrategia de aprendizaje, elegir contenidos, destacar relaciones, establecer tiempos, orientar búsquedas y sugerir y administrar  recursos  y materiales, y  a los alumnos, elegir temas, transformar las relaciones en encuentros, conseguir material y manejar los recursos.
Así impulsaremos al niño, guiado por su maestro,  a asumir la elaboración de estrategias  que le permitan organizar los datos según prioridades que él mismo irá descubriendo a partir de  los objetivos que se le tracen en pos de la meta: una síntesis dinámica, lógica, abierta, ampliable, perfectible en la que han concurrido el rigor que exige el conocimiento y el esfuerzo que demanda una férrea voluntad.
Respecto de los valores, postergar el discurso e imponer el acto: el maestro es amplio, es comprensivo, es dialogal y todo lo demás porque lo veo así, porque ACTÚA así y  no porque me lo recomienda y aconseja.
Cambiar para aprender a aprender: los maestros de la frescura de los chicos y los chicos de los actos del maestro.
 
Recursos y materiales para una síntesis dinámica

Los últimos años han sido pródigos en la aparición de recursos que, originariamente aplicados a otras actividades, paulatinamente han  comenzado a participar en la vida académica de escuelas e institutos. No ha sido clamorosa su incursión, sin embargo.
La casete de audio ha irrumpido como material habitual en los kioscos de prensa, acompañando cursos de inglés, pero poco uso se le  ha dado en las áreas académicas, donde podría haber demostrado su utilidad en lenguas modernas (para facilitar la adquisición del reflejo lingüístico, precisamente en inglés, por ejemplo, lengua extranjera cuyo dictado no logra los resultados que habrían de esperarse, o en castellano, donde prestaría gran ayuda para la práctica  de la lectura - articulación, entonación, dictado,  etc).
No ha tenido mejor suerte el vídeo, que se ha utilizado más que la anterior, pero rara vez  en interacción con el alumno: se "pasan" vídeos pero no se aprovechan sus posibilidades didácticas. Pocos, que yo sepa, utilizan  una película como "La Reina del África" (por poner un simple ejemplo) para  enseñar la funcionalidad de la máquina de vapor, la flora y la fauna del África ecuatoriana o lo que es un rápido.
Sus aportes ampliaron el espectro de los materiales, pero los contenidos, como no fuera excepcionalmente, se presentaban bajo las formas tradicionales de exposición.
De todos los recursos con los que cuenta un maestro acaso sea el ordenador el más versátil. El ordenador es un verdadero operador de materiales. Todo cabe en él. Su velocidad y precisión, resultado de una tecnología de avanzada, autoriza el registro y la escucha de voces, la proyección de videos, tal cual los citados "ut supra",  pero agrega mil funciones más, amén de una gran interacción con el usuario. Por primera vez, un recurso admite la presentación de contenidos y su exposición con una arborescencia nunca vista anteriormente. Sin embargo, el ordenador  nos espanta y no sin razón: lo que tradicionalmente  había sido privativo del maestro  (qué hacer, cómo hacerlo, los tiempos de aprendizaje, la precisión en la elaboración de un proyecto y la integración de contenidos), gracias al ordenador, comienza a compartirse con los alumnos y obliga a un cambio  no sólo metodológico sino de actitud de aquél para con éstos. El  abismo en que caería el maestro  si se rompiera con los modos tradicionales de enseñanza sin haber llegado él a consustanciarse con el aparato sería fatal para la educación de nuestros chavales.
Odiado y amado, el ordenador no deja de ser un "aparato". Aunque sofisticado, su manejo no requiere ninguna especialización. Se trata de una estructura funcional (como una multiprocesadora de alimentos) que opera semejantemente para cualquier tipo de programas. Por lo general, éstos se adecuan sin dificultades al rango operativo estándar de cualquier PC. Del mismo modo que en la multiprocesadora uno cambia los elementos con los que ha batido leche si ahora desea picar carne, según lo que quiera hacer con la PC -escribir, dibujar, pasar un vídeo o escuchar una ópera -  contará con un programa específico que facilite su tarea.
En la escuela, sirve, básicamente,  para INFORMAR, para hacer PRESENTACIONES y para RECREAR CIRCUNSTANCIAS DE APRENDIZAJE.
Si de informar se trata, existen cientos de programas con todos los contenidos que requiere la escuela. El maestro debe tomar conocimiento de ellos para consultar en busca de datos (tal como lo hace con los libros),  y dónde conseguirlos. Si se tratara de hacer presentaciones... ¿puede haber algo más didáctico para introducir un contenido que ofrecerlo con audio,imagen y vídeo ?
Es esencial para la autogestión en la producción de programas con soporte de soft (la vertiente más rica  del uso de la informática en las escuelas), de modo que sean los mismos maestros junto a sus alumnos los que diseñen un proyecto integrador de contenidos. La calidad del proyecto dependerá  de su imaginación y capacidad didáctica. El único profesional que puede llevarlo a cabo es el maestro; dejarlo en manos del especialista informático sería tan disparatado como pedirle a Maradona que teorizara acerca de la convocatoria masiva que despiertan los espectáculos de fútbol.
El diseño satisfará intereses didácticos sólo si el programa, producto final, es interactivo, abierto y expandible. Se entiende por interactivo que el estudiante se "meta" en él, que establezca un diálogo con él, por abierto  que pueda modificarse y por  expandible , que lo pueda ampliar según su propio criterio creador.
Si el pensamiento es "interacción constante entre asimilación y acomodación" (Piaget), ningún recurso brinda lo que éste. Favorece el despegue creativo del estudiante por satisfacer las exigencias del aprender: autonomía, arborescencia, espiralidad, interactividad, expandibilidad, selectividad... y aquéllas de la enseñanza: administración de material, contenidos y tiempos de aprendizaje.

Conclusión: ¿Individuo o persona?

Me asisten grandes dudas cuando hablo de "educar". Prefiero hablar de "educarse" y no sólo porque en la relación enseñar-aprender me inclino por la experiencia del aprender antes bien que por la del  "enseñar", sino porque me asalta el temor de que en el "educar"  los valores se "reciten", se transmitan como la mera fórmula de un binomio suma al cuadrado (algo muy propio de quienes ya se sienten “definitivamente” educados). Este complejo mío nace de una educación que me contempló como receptor de valores inmutables a los que debía rendirme sin más (no menos señera era la arrogancia del conocimiento que se me brindaba "ex cátedra")


El ser humano, al igual que el animal, nace uno en la especie pero idéntico a todos los demás. Sin embargo, anidan en él unas potencias que lo diferencian de cualquier otro ser vivo. Su capacidad para pensar, para amar, para ser libre  y para el pleno ejercicio de su voluntad  lo identifican como el único individuo  en condiciones de asumir su  vida concientemente: no sólo vive sino que tiene conciencia de que va a morir.

Esta conciencia de muerte lo hace sumamente vulnerable pues, en su virtud, el hombre tiende a deambular por el mundo buscando seguridades y sin arriesgar. Tal vulnerabilidad no encierra, sin embargo, ninguna fatalidad. Es el único ser vivo capaz de cambiar sus propias circunstancias. La vaca, vaca muere; el hombre nace individuo pero  tiene la posibilidad de morir persona. Y  llega a ser  persona  cuando, en diálogo con los demás hombres,  asume su propia creación.  Es creador aquél sobre el que ha pesado  una férrea educación  que lo ha obligado éticamente con la vida, que lo ha impulsado irremediablemente a ser crítico, solidario, comunitario, exigente, amplio,  reflexivo, abierto, independiente, apasionado, consecuente, dialógico, ocioso, democrático, comprensivo, valiente... a vivir en busca de la verdad.
El mero individuo, carente de esas actitudes, vive sumido en la intrascendencia de los convencionalismos es cobarde, inflexible, autoritario, machista, obcecado, miserable, monológico, egoísta, negocioso, inconsecuente, pragmático, servil...
Vive en busca de seguridades y de prestigio social.

Educarse, será, entonces,  satisfacer la necesidad de plenitud de las potencias que nos caracterizan como seres humanos; transformadas éstas en actitudes, nos asumiremos personas con visión de nosotros mismos y del entorno como para insertarnos en él según nuestras propias capacidades.¿POTENCIAS O ACTITUDES? (Ver Cuadro en el que se ve el proceso de cambio de un individuo en persona).




La educación verdadera es praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo (Paulo Freire), es llegar  a lo más profundo del encuentro para  obtener resultados compartibles y  ser capaces de poner en acto nuestros conocimientos y valores. (Ortega  decía que toda obra creadora es hija del descontento, de la insatisfacción). El conformismo paraliza las energías vueltas  hacia la acción.

Como ya hemos dicho, “La educación es auténticamente humanista en la medida en que procure la integración del individuo a su realidad, en que le pierda miedo a la libertad,  en que pueda favorecer en el educando un proceso de búsqueda, de independencia y, a la vez, de solidaridad (Paulo Freire)
Una educación integradora logrará que  el educando sea  amplio para abarcar y tan abierto como para dejarse abarcar, combinación ésta que lo pondrá en común con los demás. Deberá asumir que su libertad, que  es uno de los bienes más preciados de que dispone, no es negociable, que es sumamente frágil y que se consigue con un ejercicio permanente de su independencia. Finalmente, entenderá que ser solidario es algo más que dar: es darse”.

"El problema de la educación es que no podemos poner dentro de las aulas lo que no existe afuera", (Ernesto Gore, Universidad de Buenos Aires, Ciencias de la Educación 1986)

El mundo nos compromete como nunca antes con sus carencias, pero también con su reconstrucción y con las posibilidades que nos ofrece para asumir un rol preponderante al que estamos llamados gracias a la democracia que impera en nuestros países.
Educarse ya no es sólo, como se ha dicho, tomar conocimiento de datos que archivos mejores que el cerebro humano clasifican a la perfección. Es manejar la información críticamente para elaborar estrategias que favorezcan la toma de decisiones, que nos otorguen autonomía, que allanen nuestro camino a la cooperación, a la solidaridad y a la participación.
De entre los recursos con que cuenta una nación su gente es el más importante. Bajo los efectos de la acción disparadora de los gobiernos la ciudadanía se pone en marcha. Los motores de esa marcha son la educación y el acceso a la información. Una ciudadanía educada y bien informada elige valores , establece metas y procedimientos, crea y regenera cultura y deposita en sus gobiernos, administradores circunstanciales de sus afanes, la ejecución de sus proyectos. En el ámbito de los recursos físicos, sus mandatarios dispararán sobre la tecnología existente favoreciendo la investigación y desarrollo para el logro de una capacidad productiva que devenga, gracias a las nuevas tecnologías, en plantas de alta productividad. La información, la investigación y desarrollo y la capacidad productiva son los aceleradores de la sociedad (ver cuadro al pie). Una ciudadanía no participativa y desinformada transforma a la democracia en el brazo político de los intereses económicos quitándole el contenido más profundo que la anima: la intervención del pueblo en los actos de gobierno. 


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